Álex, a ciegas en El Molinón

Real Sporting

El día a día en un equipo de fútbol es mucho más que entrenamientos, ruedas de prensa y ensayos prepartido. La apabullante maquinaria que envuelve a este deporte posibilita que acciones que pueden pasar desapercibidas para la sociedad no lo hagan gracias a los colores de una entidad. Ese es el caso del SportingCAFE, una asociación que trabaja desde hace años, por la mejora y accesibilidad de las personas con capacidades reducidas a los estadios de fútbol, para lo cual colabora con muchas de las asociaciones nacionales, clubes, peñas, grupos de aficionados con movilidad reducida y ONG.

Una iniciativa que pretende asegurar una experiencia accesible e inclusiva para las personas con ciertas dificultades de movilidad en los días de partido. Por ello, CAFE, en la semana del 4 al 12 de marzo, trata de movilizar a todos los agentes del fútbol para que se unan con alguna acción. Un llamamiento que en el caso del club asturiano tiene como protagonista a Álex, un sportinguista invidente que no se pierde ningún partido de su equipo en El Molinón desde hace tres años.

Álex es un ejemplo de lo que se puede vivir y de cómo hacerlo desde la dificultad de una capacidad reducida. Nacido en Mieres el 29 de abril de 1994, acude cada domingo al estadio acompañado de su padre, Modesto, socio también pero hace 23 años. Álex sigue lo que ocurre en el partido mediante su oído, a través de la radio, que dice, son sus ojos. “Aunque no puedas ver es una sensación muy bonita porque puedes sentirlo con otras cosas como el oído o el olor del ambiente”

Inclusión total

Un gesto con el que los rojiblancos apuestan por la inclusión total en el deporte, de modo que las personas con capacidades reducidas puedan ocupar el lugar que les corresponde como espectadores, jugadores, voluntarios, directores técnicos, administradores o cualquiera de las posiciones dentro las actividades sociales que les ayuden a potenciar todo lo que pueden dar y enseñar a la sociedad.

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De joven jugaba al fútbol sin cansarme demasiado porque por las noches me sacaba el graduado. En la ciudad de Marbella crecía y vivía sin hacer mucho caso de la climatología. Sin comerlo ni beberlo llegue a Valladolid donde en periodista allí yo me convertí. Punto y aparte, me busqué las habichuelas en una lluviosa Londres y volví a Madrid para llegar a ser consultor, creativo y diseñador. Sobrevivo como soldado de fortuna en esta web.