Una lección de juego limpio

El Rayo Vallecano tiene motivos para sentirse orgulloso de su cantera tras lo sucedido en un torneo de alevines. Los madrileños vencieron y la entrega de premios fue todo un ejemplo de deportividad.

A veces, resulta que los pequeños de la casa dan lecciones de la forma más inesperada. En ese justo instante, los mayores tenemos que parar, admirar, reflexionar y aprender acerca de lo sucedido. Cuatro pasos que cobran mayor importancia en un deporte como el fútbol que, en muchas ocasiones, con la competición, se olvida de los valores del juego limpio, algo que no ocurrió en el duelo que enfrentó al Alevín A del Rayo Vallecano frente al Leioa durante la final del Torneo Usansolo en Galdácano.

Los madrileños se proclamaron campeones al derrotar por 4-0 al conjunto vasco. Hasta ahí todo normal. La anécdota tiene lugar durante la entrega de premios. Los chavales del Leioa empezaron a aclamar a sus rivales con gritos de “¡Rayo, Rayo!” y al final ambos equipos se funden en una fiesta en la que no hay vencedores ni vencidos. Emocionante, fantástico y, sin duda, un gran gesto de deportividad.



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De joven jugaba al fútbol sin cansarme demasiado porque por las noches me sacaba el graduado. En la ciudad de Marbella crecía y vivía sin hacer mucho caso de la climatología. Sin comerlo ni beberlo llegue a Valladolid donde en periodista allí yo me convertí. Punto y aparte, me busqué las habichuelas en una lluviosa Londres y volví a Madrid para llegar a ser consultor, creativo y diseñador. Sobrevivo como soldado de fortuna en esta web.