¿Por qué somos los pío-pío?

Cada equipo tiene un seudónimo asociado a un escudo y a unos colores pero… ¿Cuál es el origen de todos ellos? En esta nueva entrega desvelamos de dónde proviene el apodo de la UD Las Palmas.

'Pío-pío' es la onomatopeya que se refiere al efecto de piar de los canarios, el ave asociada a Las Palmas. Juan Emilio
'Pío-pío' es la onomatopeya que se refiere al efecto de piar de los canarios, el ave asociada a Las Palmas. Juan Emilio

¿Cómo empezó? A los hinchas de Las Palmas se les conoce como canarios o canariones, en alusión al gentilicio coloquial de los nacidos en la capital del Archipiélago. Lo curioso es que la derivación del sobrenombre no viene de estas simpáticas aves, sino de los canes, o al menos eso parece, pero esa es otra historia. Sea como fuere, a los aficionados se les conoce con la onomatopeya que identifica el sonido de un pájaro. Su origen proviene de un comentario que Fernando El Bandera, aficionado histórico del club, dedicó a la afición del Tenerife durante un derbi canario. A los comentarios de la grada tinerfeña, El Bandera contestó, durante todo el partido, con la onomatopeya ‘pío-pío’ que quedó, para siempre, en el recital de canciones de los seguidores de Gran Canaria.

¿Sabías que? Su mascota también toma el nombre de ‘Pío-pío’ y representa a un canario que viste la equipación amarilla y azul y que canta a los cuatro vientos las canciones de su equipo. Hay tres grandes teorías en torno al origen del nombre de las islas. La mas famosa es que el nombre viene del latín cannis que significa perro. La otra historia habla sobre unos pueblos africanos que habitaban en los montes Atlas (actual Marruecos) llamados canarii. Por último, está la versión de la caña amarga a la cual llaman canna y de la cual se hace la leche venenosa. Por su parte, el historiador José Juan Jiménez, del Museo de la Naturaleza y el Hombre de Tenerife, sostiene que Canarias debe su nombre a los cannis marinus, una especie de foca monje de gran tamaño que pobló las costas del Archipiélago hasta el siglo XV.



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De joven jugaba al fútbol sin cansarme demasiado porque por las noches me sacaba el graduado. En la ciudad de Marbella crecía y vivía sin hacer mucho caso de la climatología. Sin comerlo ni beberlo llegue a Valladolid donde en periodista allí yo me convertí. Punto y aparte, me busqué las habichuelas en una lluviosa Londres y volví a Madrid para llegar a ser consultor, creativo y diseñador. Sobrevivo como soldado de fortuna en esta web.